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9 de marzo de 2015

Reflexiones de un becario

Pues se acabó.

Se han pasado rápido estos seis meses. Desde ese primer día en el que entré con más miedo que otra cosa hasta el pasado viernes cuando terminé han pasado muchas cosas, he aprendido mucho. Lo que considero más importante son los cuatro compañeros que he tenido estos meses: Jesús, Miguel, Guillermo y Miguel Ángel.

De cada uno he aprendido algo y he pasado buenos momentos. Mantener un estándar de calidad siempre, aunque haya mucho que hacer; intentar mirar por los compañeros y facilitar el trabajo; no tienes que ser prepotente para que sepan que eres el mejor; sinceridad. Seguramente me deje más cosas, más momentos como los que me dejé en el bar con esos molletes grande y chico, el café y el manchado, esas navidades, esos primeros pasos migrando módulos de una Intranet, esos formateos de máquinas, esos viajes cambiando los discos duros.

Pero sin duda, los mejores para mí han sido los últimos, cuando hice un proyecto por mí mismo. Proyecto que aún le queda mucho camino por delante y que les sacarán mucho partido, pero del que me quedo con la miel en los labios. Esas curvas de carga, esos excesos y esos maxímetros perdurarán en mi memoria, así como esas dudas para intentar entender cómo es una, quién lo diría, factura. Conseguí terminar a tiempo la primera versión y me llevo ese orgullo de haber aportado algo, que he dejado una semilla -como bien dijo Jesús- que seguirá creciendo, de sentirme integrado dentro.

Fastidia tener que irte ahora, justo ahora, cuando te sentías más dentro que nunca. Pero las cosas son como son, y me quedan algunas cosas pendientes a las que tenía que dedicarme que han hecho que sea más corto este camino.

No puedo negar que echaré de menos, aunque sea solo un poco, esas mañanas. Pero.. that’s life, hay que seguir.