1 de enero de 2025
Lunes Santo
Fue un periodo de cambio, de una banda a otra, de un colegio a otro, de una casa que ya no será igual… Unos años muy convulsos, pero en los que había algo que se mantenía constante, esos sábados de ensayos, esos conciertos… y esas semanas santas.
Llega el lunes.
Nuevamente toca ir a la Iglesia Mayor pero antes de salir toca revisarlo todo: carpeta con las marchas del repertorio, cañas de repuesto, paño, papel para la saliva (y para proteger los labios, que la semana es larga) y, por supuesto, el traje de gala, que no puede faltar.
Sale de casa y ya de camino se encuentra a un niño con su padre, el niño me mira, y sonriente, le dice a su padre:
- Mira, ¡es un clarinete!
- No hijo, es una trompeta – dijo tranquilamente el padre.
Les miró y, sin querer meterse mucho, continuó la marcha (tocaba el clarinete).
Llega a la Plaza de la Iglesia, bordea la multitud que ya se agolpaba en esta soleada tarde de abril para poder ver la salida bien, y llega al punto de quedada. La banda de cornetas y tambores ya se encuentra ahí, preparados. Se fija un poco ellos pero pronto va en busca de sus compañeros, amigos ya. Les saluda y charla un rato.
- ¡Espera, que sale ya! – le dice uno de ellos, mientras se escucha a la corneta de la banda del cristo entonar las primeras notas del toque de corneta que preludian al himno nacional.
El cristo ya se marcha, y rápidamente todos van ocupando el hueco que deja la otra banda. Sigue hablando un poco hasta que ya llega el subdirector, afinador en mano, haciendo la ronda con todos. Se coloca en su sitio, prepara la primera marcha, y ojea la segunda para ver cómo empieza, ya que van enlazadas. Esto comienza, y poco a poco, se adentran en la carrera oficial y el tiempo pasa…
Sin dudas, es el día de la confirmación de que esto va en serio, o mejor dicho, para largo. Tiempos extraños pasaron, y más que vendrán, pero sabe que aquí tiene amigos que le acompañarán, no sabe si para toda la vida.