25 de agosto de 2018
La ventana
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Estoy nervioso, Fran. Tras tan largo viaje ya solo nos restan unos pocos días para llegar a nuestro destino, ése que la humanidad lleva esperando desde hace décadas. Aún recuerdo cómo me hablaba mi madre de cuando vio de pequeña el primer alunizaje en Julio de 1969; de estar viendo a través de la televisión cómo aquellos valientes aterrizaban en la luna. Y ya entonces se hablaba de nuevas propuestas, de nuevos sueños por cumplir. Ha pasado tanto tiempo, que no puedo evitar mi…
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¡Eh, Hugo! – Le interrumpió desde la ventana. – Ven. Acércate. Creo que tengo la solución a tu problema…
Hugo se acercó flotando grácilmente a la ventana, sin duda gracias a la práctica durante esos meses viviendo en esa nave. Se asomó y, aunque lo había visto infinidad de veces en fotografías desde que era niño, se le iluminaron los ojos.
Era Marte. Apareció en el centro de la ventana, en forma de media luna roja. Marte se mostraba en ese momento pequeño, rodeado de la oscuridad del espacio. Aun así, se podían apreciar perfectamente el polo norte marciano y los cañones de Valles Marineris.
De repente le picaron los ojos, Hugo acercó su mano a los ojos para comprobar, sorprendido, que eran lágrimas. Estaba llorando y las gotas se estaban concentrando alrededor debido a la ausencia de gravedad. Soltó una pequeña carcajada.
Y así, dentro de esa pequeña nave Hugo se quedó tranquilo.