2 de abril de 2024
Domingo de Ramos
Domingo de ramos, al fin. Él sube corriendo las escaleras para ir a la cama de sus padres. “¡Mamá! ¡Papá! ¡Que ya es el día!”, les dice mientras ellos aún se despiertan y sus mentes se ponen en marcha. Hoy es el día, sí. Con sus 10 años recién cumplidos, hoy se pondrá su uniforme de la banda y saldrá por primera vez en la banda. Su mayor ilusión, el ir tocando al fin con la banda en la que sus padres salen. Ir con ellos de la mano, orgulloso al fin de poder compartir ese tiempo con ellos. Luce el sol, y a eso de las 5 de la tarde se terminan de arreglar y salen todos juntos camino de la Iglesia Mayor para salir en Columna. Se juntan todos cerca del bar La Sacristía, como siempre. Dejamos paso a la banda de cornetas, que como siempre, viene desfilando desde Capitanía. Ya todos listos, preparados, el Cristo se aleja, adentrándose en la carrera oficial. Y de repente… Una corneta suena y da la entrada a la banda. Suena el himno. Un sobresalto. Comienza.
Izquierda… derecha… izquierda… derecha… Apenas puede sostener el instrumento a la vez que anda intentando seguir el ritmo de la procesión. Pero él lo intenta y sus compañeros de fila le ayudan, le protegen y le animan a seguir. La multitud apelotonada en los laterales hace que no corra el viento, que haga calor en esta tarde de domingo. Al poco rato se adentran en la carrera oficial. Espacio al fin. Como luego seguido viene otra procesión (ya se vislumbra la cruz de guía detrás suya, entre la multitud), la carrera oficial está a rebosar y decenas de personas escuchan a la banda.
Él no es consciente aún, pero mientras movía los dedos haciendo como que estaba tocando (en la carrera oficial hay que sonar bien, le habían dicho, y él aún no andaba preparado) anda mirando de reojo a todas esas personas.
Dejan la carrera oficial atrás y como viene siendo habitual, pasan por delante del ayuntamiento para continuar el recorrido. Poco a poco va cogiendo el ritmo a cómo seguir el paso pero inevitablemente se le hará pesado y, como es habitual, a eso de las dos horas y pico se acerca a su madre y le dice que está casando. Sus padres se miran, sonríen y le dicen que no pasa nada. Que lo ha hecho muy bien. La madre avisa al director y juntos salen después de tocar una última. Desde casa ya, por la tele y ya cenados, ven a la procesión recogerse. Suena la corneta de nuevo para dar la entrada al himno y termina.
Su primera semana santa. Sus primeros pasos a ritmo de tambor. Su primer rato junto a sus compañeros y amigos.